Odio el sabor a fresa.

Qué bonitas son. Y qué ricas están. Hablo de las fresas. Pero de las fresas, fresas. Las frescas, las de verdad.

Porque luego existen todas esas cosas con supuesto sabor a esta fruta: chicles, helados, caramelos, tés… Pero todo eso (¡despertad!) NO sabe a fresa ni de lejos. Tanto nos han engañado que sólo con oler un yogur, sabemos si es de fresa o no. Pero yo creo que el que inventó ese aroma artificial, no había olido una fresa en su puñetera vida.
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Decidí hacer mi propio homenaje a su verdadero olor, a ese rojo pasión, a esas semillas que se quedan incrustadas en las muelas y a esas hojitas verdes que deshechamos junto a un molde perfecto de nuestra mordida.

Para esta merienda/postre/desayuno de los campeones, necesité:
– 4-5 fresas.
– queso fresco batido
– copos de avena
– cereales integrales con frutas (marca Eroski, para más señas).

Se montan las capas al gusto en un vaso, como en un “triffle”. Se puede aderezar con un poco de azúcar, aunque yo opté por miel. Y listo. En 5 minutos tendréis una forma diferente de degustar una de mis frutas favoritas: las fresas, fresas.

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